¿De qué va esto?

Esto es un blog pro-Israeli.

Lo creamos hace ya casi cinco años, en los albores de la operación Litani, tras el secuestro de Ehud y Eldad. Cuando Gilad llevaba más de un mes en manos de Hamas.

Han pasado casi cinco años. Gilad sigue en manos de Hamas, Ehud y Eldad volvieron a Israel. Muertos. Muchas cosas han pasado, pero poco ha cambiado. Una tregua, Sderot bajo el fuego de los qassam, atentados, una operación contra Hamas, la reconciliación entre Fatah y Hamas, informes sesgados, la ONU, secuestros en Gaza, flotillas pseudo-pacifistas…

Lo que nos hizo abrir este blog en ese momento, fue notar que no recibíamos información sobre lo que pasaba en Israel. Empezamos a traducir noticias, a escribir crónicas basándonos en la información que recogíamos de fuentes de todo el mundo.

Después la calma, después otras luchas en otros lugares. Nos volvimos más críticos, más pesimistas.

Pero seguimos aquí, y pensamos, que pese a quien pese, Israel seguirá existiendo. Y seguiremos peleando, para que eso sea así.

sábado, 21 de julio de 2007

“Tanques contra piedras”: la imagen de Israel en España

Tema: Este trabajo analiza el problema de la imagen de Israel en España, cuya opinión pública muestra niveles de distanciamiento y hostilidad más pronunciados que en los demás países de Europa.

Resumen: Los representantes diplomáticos de Israel suelen señalar que hay dos países con quien el Estado judío tiene relaciones “especiales”. Uno es Alemania, y las razones no escapan a nadie. El otro es España, donde sí hay que preguntarse el porqué. Este trabajo analiza el problema de la imagen de Israel en España, una imagen que en el discurso político, en los medios y en los sondeos de opinión pública muestra niveles de distanciamiento y hostilidad más pronunciados que en los demás países de Europa. ¿Cuáles son las causas socio-históricas y culturales de esta percepción negativa? ¿Y en qué medida la imagen de Israel en España está en proceso de normalización?

Análisis: La guerra librada entre Israel y la milicia libanesa Hizbolá en verano de 2006 tuvo efectos colaterales en las relaciones diplomáticas entre España y el Estado judío. Reacciones airadas de los representantes israelíes a declaraciones y gestos poco oportunos –la acusación de asesinato premeditado de población civil o la fotografía del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero vistiendo un pañuelo palestino– protagonizaron el último temblor en las relaciones diplomáticas entre ambos Estados. Unas relaciones que desde su establecimiento en 1986 han sido rehenes del conflicto de Oriente Próximo. En tiempos de paz son fluidas y en tiempos de guerra son tensas, aunque estas oscilaciones no tienen efecto en el creciente intercambio comercial, tecnológico y cultural entre los dos Estados. Aun así, en la medida que en el discurso político reverbera el sentir de la opinión pública, episodios como los del verano pasado son un síntoma inequívoco de un problema de imagen de Israel en España.

La imagen de Israel está condicionada principalmente a la relación entre Israel y sus vecinos y al protagonismo de este vínculo en los medios de comunicación. Israel, una realidad socio-cultural compleja y diversa, no existe en la opinión española desligada del conflicto, sino como parte más fuerte de un enfrentamiento (ya sea con palestinos o países árabes) percibido mayoritariamente como desigual e injusto. Los sondeos de opinión arrojan resultados en esta dirección, con ligeras variaciones en función del grado de intensidad –y por tanto de visibilidad– del conflicto, dada su acusada presencia mediática.

Valoración de Israel (de 1 a 10)
Fuente: elaboración propia a partir de datos de INCIPE y Barómetro del RIE.

El estudio sobre opinión pública española y política exterior del INCIPE[1] –que en sus cuestionarios mide la estima que merecen los entrevistados por una serie de 22 países– muestra que entre 1991 y 1997 Israel se mantuvo en torno al puesto número 20, con una valoración de 1 a 10 que oscilaba entre 3,62 y 3,82. Sólo Irán e Irak estaban detrás, con puntuaciones algo inferiores. Durante la Segunda Intifada palestina (2000-2004) la valoración de Israel en España llegó a sus niveles más bajos (puntuación de 2,87 en 2002, según el INCIPE), mostrando una tendencia al alza en la primera mitad de 2006 (puntuación de 4,8) y cayendo de nuevo –tras la guerra en Líbano– a 3,6.[2]

Simpatías en el conflicto de Oriente Próximo
Fuente: elaboración propia a partir de datos de Pew Global Attitudes Project, junio de 2006.
A la hora de expresar sus preferencias y simpatías por israelíes y palestinos, los españoles se manifiestan predominantemente más cercanos a los segundos. Según un estudio reciente, solo un 9% de los entrevistados afirma simpatizar más con Israel (frente a un 24% en el Reino Unido, un 38% en Francia y un 37% en Alemania).[3]

Ante asuntos sociales y políticos, y especialmente en áreas como los conflictos internacionales en que los niveles de desconocimiento y desinterés son especialmente altos, la opinión pública responde a una combinación de creencias, valores generales y estereotipos.[4] Aquellos que conforman actualmente la imagen de Israel en la opinión pública española y sus significativas diferencias respecto a otros países de Europa son fruto de una serie de factores históricos y socio-culturales que nos proponemos desentrañar en este trabajo.
Destacaremos la particular historia del largo desencuentro político entre Israel y España, los efectos en la opinión del pro-arabismo conservador y –paradójicamente– su relevo en la consolidación de una imagen poco favorable de Israel del anti-sionismo de izquierda. Por último, analizaremos el papel que ocupa el antisemitismo cultural en la mediatización de percepciones sobre el Estado judío en España y nos aventuraremos a hacer un pronóstico sobre la evolución de la imagen de Israel en España.

Anticomunismo y amistad hispano-árabe La opinión sobre Israel en España estuvo condicionada desde un principio a la relación de distancia y recelo mutuo, antes incluso de la creación del Estado hebreo. Ya en vísperas de la guerra de independencia israelí y en su transcurso, era evidente una clara simpatía hacia la posición árabe en los medios de información –bajo el control del régimen del General Franco–, que transmitían con amplitud las noticias árabes sobre “actos bárbaros” perpetrados por los judíos contra los árabes.[5] Pocos días tras la independencia de Israel el periodista Gómez Aparicio, persona próxima a Franco, escribió en las páginas de un diario de Madrid que el “Gobierno sionista” había derribado las barreras inmigratorias y que llegaban a Israel enormes contingentes de judíos de Rusia. Posiblemente, escribía Aparicio, se preparaba en Palestina, “al amparo del Estado sionista de Israel”, “el establecimiento de un Estado comunista o semicomunista, claramente rusófilo, sobre el que pudiera establecerse algún día no lejano una definitiva influencia soviética en el Oriente Medio”. La España de Franco estaba en todos los aspectos muy alejada del naciente Estado judío. Cabe recordar que la tendencia a identificar a los judíos con los comunistas distinguía a gran parte de la derecha española desde los años 30 y, con la creación del Estado judío, se expresaría claramente en los medios de la época. El diario Arriba y el católico Ya insistían también en la imagen de la “amistad hebreo-bolchevique”.[6]
Por su parte, Israel, en su llamamiento al reconocimiento por los países del mundo, ignoró a la España de Franco al identificar a ésta con el antiguo eje nazi-fascista y, tanto en 1948 como en 1950, votaría contra el levantamiento del boicot a España en las Naciones Unidas. Franco criticó entonces “la actitud desagradecida de alguna raza” –en referencia a la hoy muy cuestionada labor de protección de judíos sefardíes durante el Holocausto– y en el diario Arriba, bajo el seudónimo de Jakin Boor, atribuyó la actitud de Israel a “los dictados de la masonería”.[7] Franco encontró el apoyo de los Estados árabes, y desde ese momento y durante las décadas de los 50 y 60 apoyaría consistentemente sus posiciones.
La postura de Israel, por otro lado, sería celebrada en el exilio republicano, donde encontramos numerosas manifestaciones de solidaridad y simpatía con el nuevo Estado. “El pueblo judío, cuya independencia y victoria nos llena el corazón de alegría como si fuera nuestra, comenzó su actividad en la ONU votando contra el régimen dictatorial, lleno de odio racial y fanático... Los republicanos españoles, al igual que vosotros, no olvidamos y todavía sentimos vuestros nobles sentimientos... No hemos olvidado la sangre judía volcada en aras de la libertad en nuestra guerra civil”, escribieron Antonio de Lama, representante de facto del Gobierno republicano en Chile, y Vicente Sol, ministro sin cartera con misión en América, en carta a la Agencia Judía.[8] El socialismo de los pioneros judíos, el milagro del resurgimiento después del genocidio nazi, los kibbutz y el renacer del hebreo son todos ellos aspectos que resonaron positivamente en los vencidos de la Guerra Civil. “Israel, primavera de las nuevas naciones... alabado Israel con la garganta entera: a son de alma, a sones de lengua verdadera...” escribió Rafael Alberti en un poema hoy desaparecido de las antologías.[9]
Pero a partir de la Guerra de los Seis Días, en 1967, cuando el conflicto árabe-israelí se convierte en escenario crítico de la Guerra Fría, la simpatía por Israel de la izquierda antifranquista se resquebrajará paulatinamente, produciéndose un giro hacia posiciones contrarias y específicamente pro-palestinas. Tras la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania, consecuencia inmediata de la contienda árabe-israelí, son los palestinos quienes ocupan el lugar que previamente podían haber ocupado los judíos en el imaginario de la izquierda, en tanto que pueblo oprimido que lucha por su liberación nacional.

Como consecuencia de estos acontecimientos y alineamientos políticos específicos, confluirán dos opiniones poco favorables a Israel, aunque paradójicamente desde posiciones políticas contrapuestas: la pro-árabe de la derecha y la anti-imperialista de la izquierda. Esta sería la especificidad española, la cual configura los principales rasgos de la opinión pública sobre Israel en los primeros años de la democracia. El establecimiento de relaciones diplomáticas en 1986 no cambió sustantivamente las cosas. En palabras del documento firmado en La Haya: “España desea dejar claro que mantendrá su tradicional política de amistad y solidaridad con el mundo árabe”. Estas relaciones de amistad –e interés estratégico– han sido hasta hoy una constante de la política exterior española y explican una posición de mayor distanciamiento respecto al Estado judío que otros Estados europeos. Tal vínculo, lastrado por estos condicionantes, se ha dejado notar también en la representación de Israel en los principales medios de comunicación en las últimas dos décadas.

Israel como proyección de los EEUU La opinión española sobre Israel es reflejo también de una dinámica específicamente europea que tiende a asociar negativamente a Israel en el contexto de la política exterior estadounidense. Según el Eurobarómetro de otoño de 2003, el 53% de los europeos consideraban a Israel la principal amenaza para la paz mundial, a la par con Irán y Corea del Norte. En segundo lugar de este ranking figuraban los EEUU. La Segunda Intifada, y la valoración negativa de la intervención estadounidense en Irak, explican los datos del sondeo en este momento, pero podemos encontrar antecedentes muy anteriores de esta concurrencia de opiniones críticas sobre EEUU e Israel. En España en particular, durante la Guerra del Yom Kippur, en 1973, la izquierda estaba especialmente descontenta por el hecho de que la base estadounidense de Torrejón hubiera servido para suministrar combustible a los aviones americanos que abastecían Israel durante la confrontación.[10]
El emparejamiento Israel-EEUU en la representación mediática es una constante desde entonces, a contrapelo del neutralismo y el pacifismo que los españoles han expresado en numerosas encuestas en los últimos 30 años. Con independencia de la naturaleza muy diferente de cada uno de los conflictos bélicos que jalonan la corta historia de Israel, y los matices en el apoyo de EEUU, Israel ha sido percibido en gran medida como Estado agresor, sordo a los dictados de la comunidad internacional y, fundamentalmente, favorecido de forma incondicional por la primera potencia. Especialmente en España, donde el sentimiento de frialdad de la opinión pública respecto a los EEUU es el más pronunciado de Europa (según estudio del Transatlantic Trends del German Marshall Fund, 2004), el antiamericanismo se extiende automáticamente a Israel y determina antipatías y empatías en el conflicto de Oriente Próximo. El mismo estudio muestra que las sociedades europeas son notablemente más pacifistas que la estadounidense. España también destaca especialmente en este apartado. Mientras que el 82% de los estadounidenses respondió afirmativamente a que “en algunas circunstancia, la guerra es necesaria para conseguir la justicia”, solo lo hizo un 25% de los españoles (31% de alemanes y 33% de franceses). Esta característica, firmemente arraigada en la cultura política española, no resulta compatible con la imagen que proyecta un país como Israel, fuertemente militarizado y en guerra desde su misma existencia.

La identificación de Israel con EEUU explica también que la valoración de Israel sea algo mejor en quienes se definen de derecha (con una valoración media de 4,3) y centro (3,9) que en aquellos con ideología de izquierda (con una valoración media de 3) (BRIE, diciembre de 2006). Esto mismo se constata igualmente con la variable voto, siendo la valoración mejor entre los votantes del PP (con una media de 4), que entre los del PSOE (3,3) o IU (2,7).

Antisemitismo, ¿una variable explicativa? No es infrecuente encontrar explicaciones que atribuyen la opinión negativa sobre Israel en España a un reflejo atávico antisemita. Los confines entre lo israelí y lo judío son borrosos y son traspasados con frecuencia, pero tanto la génesis histórica del complejo vínculo Israel-España como los datos de los sondeos de opinión apuntan a una explicación más matizada. En un país como España –sin apenas presencia ni visibilidad social judía– es en la actualidad Israel, en tanto que el Estado judío, aquello que convoca opiniones y actitudes respecto a lo judío. Y en la medida que la opinión de Israel es negativa, a la hora de expresarla, tanto en los estudios de opinión pública como en los medios de comunicación, han aflorado un conjunto de prejuicios y estereotipos antijudíos que a su vez refuerzan dicha opinión.
En la prensa española han aparecido con frecuencia tales estereotipos y proyecciones fóbicas de viejo arraigo en el antisemitismo cultural: el israelí representado como asesino de niños, vengativo y cruel. Igualmente, son recurrentes las evocaciones y analogías entre las acciones militares israelíes con el nazismo y el Holocausto.[11] En los estudios de la Anti-Defamation League (ADL) sobre actitudes hacia los judíos, Israel y el conflicto palestino-israelí en 10 países europeos,[12] en los que se pregunta a los entrevistados por su grado de acuerdo con una serie de enunciados antijudíos, España destaca, en casi todos, por encima de los demás países. Hay numerosas objeciones metodológicas a semejantes instrumentos para medir opiniones y actitudes tan esquivas y difusas como las antisemitas, pero sí se puede apreciar a partir de estos datos y el análisis de medios, la persistencia de un antisemitismo básico, que no es de tipo religioso –de hecho, el judaísmo como religión no tiene una imagen peor que otras confesiones–,[13] en el que coinciden y se combinan prejuicios sobre los judíos, el capitalismo y el predominio norteamericano. Se trata de una recurrente imagen que amalgama opiniones negativas sobre EEUU, sobre Israel y sobre “los judíos” como un todo global y permanente. Una mezcla que tiende a mostrar a Israel como el vasallo de los EEUU en Oriente Próximo y, al mismo tiempo, quien (a través de los judíos estadounidenses) controla y dirige la política exterior de la gran potencia, forzándola a acciones como la guerra de Irak. Estas opiniones no pueden ser consideradas mayoritarias en la opinión española, pero sí son claramente más acentuadas que en otros países de Europa.

En un reciente estudio de The Pew Global Attitudes Project realizado en 13 países, España destacaba como el país con una idea menos positiva de los judíos (sólo un 45% de los entrevistados respondió que sus relaciones con los judíos eran buenas, frente a un 86% en Francia, 74% en el Reino Unido y 59% en Rusia). Este mismo estudio concluía que los sentimientos antimusulmanes están en alza en España, siendo uno de los países que más rasgos negativos atribuye a quienes profesan esta religión. Tanto en un caso como en otro, cabe destacar que en aquellos países en que hay una población judía más grande y una población musulmana más asentada, como en Francia, la valoración de ambos colectivos es más positiva. Lo sorpresivo para el caso de España es que no hay apenas judíos con los que la muestra de entrevistados pudiera tener relación alguna, buena o mala.[14] Por ello, dado que el imaginario opera claramente allá donde no hay experiencia real, se puede establecer una correlación clara entre imagen de Israel e imagen de los judíos.

Conclusión
“Salir del armario”: cambios en la representación y opinión de Israel en EspañaVeinte años no es nada, dice el tango, y con especial razón para las relaciones entre Estados. En cuanto al problema de imagen de Israel en España, el problema no proviene tanto de la brevedad del tiempo andado conjuntamente como del largo camino de décadas –si no siglos– de desencuentros respecto a Israel y lo judío. Aún así, la opinión sobre Israel en España tiende hacia una progresiva normalización. El análisis de contenido de prensa relativo a Israel y el conflicto palestino-israelí de los dos últimos años permite inferir que el enfoque emocional y marcadamente estereotipado va cediendo terreno a la crítica informada y que también se está produciendo una apertura a la realidad israelí más allá del conflicto.[15] En términos visuales, Israel se despega de la imagen del tanque frente a las piedras palestinas. En definitiva, se aprecia una progresiva ruptura de esta suerte de simbiosis negativa palestino-israelí. Los desarrollos políticos en los dos últimos años (desaparición de Arafat y Sharon de la escena política, evacuación de Gaza y triunfo de Hamas en las elecciones palestinas) han dado lugar a imágenes de la realidad social y política palestina no necesariamente vinculada a las acciones de Israel. Y, a su vez, a visiones de Israel independientes del conflicto.
Ciertamente, las imágenes y crónicas periodísticas de la guerra de Israel con Hizbolá en el verano de 2006 volvieron a sacudir a la opinión pública española con numerosas representaciones maniqueas (sirva de muestra que de las 65 viñetas publicadas en diarios españoles que hacían referencia directa a las víctimas de los respectivos bombardeos, sólo seis –un 3,2%– representaban a las víctimas israelies).[16] Aún así, la guerra de 2006 fue también un punto de inflexión, pues por primera vez desde 1982 afloraron con fuerza en España voces y escritos en defensa del derecho de Israel a defenderse. Mientras el cambio de actitud hacia el Estado judío en medios conservadores y católicos se produce ya en años anteriores –quedando el discurso más adverso en determinadas elites intelectuales de la izquierda–, también se comienza a “salir del armario” en defensa de Israel en España desde sectores de la izquierda y el nacionalismo.[17]
En el Partido Socialista, por ejemplo, se ha desencadenado un movimiento que, rechazando los mencionados gestos y expresiones que se produjeron por parte de representantes del Gobierno durante la guerra del verano de 2006, retoma una causa –la defensa de un Israel con derecho a la existencia– que entiende tan justa para la izquierda democrática como lo fue en 1948.[18] Finalmente, en otro plano, cabe destacar la creación en febrero de 2007 de la Casa Sefarad-Israel, que sigue la línea de otras instituciones anteriormente promovidas desde el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, como la Casa de América, Casa Asia, Casa Árabe y Casa África. Como centro cultural con respaldo institucional contribuirá también a compensar la balanza de opinión, en la medida que favorezca un mejor conocimiento de la realidad judía e israelí en España.
Los efectos en la opinión pública tardarán todavía en apreciarse, pero no cabe duda que los elementos señalados ya son indicadores de que el proceso de “normalización” de la imagen de Israel en España ha comenzado. En este sentido, es previsible que en los próximos años España se acerque a la media europea en su valoración y actitud hacia a Israel: de relativa frialdad, pero dejando fuera del mainstream las posiciones más hostiles.

[1] Salustiano del Campo y J. Manuel Camacho, La opinión pública española y la política exterior, Informe INCIPE, 2003,http://www.incipe.org/INFORME_INCIPE_2003.pdf.
[2] Barómetro del Real Instituto Elcano, 2006.
[3] The Pew Global Attitudes Project, junio de 2006, http://pewglobal.org/reports/pdf/252.pdf.
[4] Tourangeau y otros, The Psychology of Survey Response, Cambridge University Press, Cambridge, 2006, citado en Antonio Golmar, La política del antiamericanismo en España, 2006, inédito.>
[5] Raanan Rein, Franco, Israel y los judíos, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2006, p. 24.
[6] José Antonio Lisbona, España-Israel, historia de unas relaciones secretas, Temas de Hoy, 2002. p. 35.
[7] Ibid., p. 57-58.
[8] Ibid., p. 57.
[9] Rafael Alberti escribió el poema ¡Hosanna Israel! en 1948. Fue publicado en la Revista Literaria Davar de Buenos Aires en diciembre de ese año.
[10] William Chislett, El antiamericanismo en España. El peso de la historia, DT 47/2005, Real Instituto Elcano, Madrid, 2005.
[11] Véase Manifestations of Antisemitism in the UE 2002-2003. Part on Spain (EUMC European Monitoring Centre on Racism and Xenophobia) y European Commission against Racism and Intolerance – Third Report on Spain (2005), http://www.coe.int/T/E/human_rights/Ecri/1-ECRI/2-Country-by-country_approach/Spain/Spain_CBC_3.asp; aquí se menciona que “estereotipos antisemitas han aparecido en artículos y caricaturas de la prensa, notablemente en conexión con los acontecimientos del Oriente Próximo”. Véase también Alejandro Baer y Federico Zukierman, “Israel y el judaísmo en el humor gráfico español (2000-2003)”, en El estigma imborrable. Reflexiones sobre el nuevo antisemitismo, Hebraica Ediciones, Madrid, 2005.
[12] Anti-Defamation League, Attitudes Toward Jews, Israel and the Palestinian-Israeli Conflict in Ten European Countries, 2002, 2004 y 2007, http://www.adl.org/anti_semitism/European_Attitudes_Survey_May_2007.pdf
[13] En una escala de 1 a 5, recibe un 3, nota idéntica a la que se da al protestantismo, y por delante de la religión musulmana (2,7) (BRIE 9, febrero de 2005).
[14] Según una estimación de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), la población judía en España asciende a 40.000 personas, menos del 1 por 1000 de la población española.
[15] Albert Sabanoglu y Alejandro Baer, “Israel en los medios españoles: ¿camino hacia la normalización?”, en España-Israel: 20 años de relaciones, Hebraica Ediciones, Madrid, 2006.
[16] Alejandro Baer, “El conflicto como caricatura: israelíes y árabes en el humor gráfico español”, inédito, 2007.
[17] Véanse, por ejemplo, la Asociación Galega de Amizade con Israel (http://galiza-israel.blogspot.com) o los escritos del socialista Jorge Aspizua Turrión (http://laharkadeaspizua.blogspot.com/).
[18] Manifiesto Israel y la defensa del progreso democrático en España, abril de 2007, http://www.aseiweb.net/images/Israel_y_la_defensa_del_progreso_democr_tico_en_Espa_a.pdf.

Alejandro BaerProfesor de sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid
tomado de legado sefardi elaborado por ARI

1 comentario:

prof dijo...

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