¿De qué va esto?

Esto es un blog pro-Israeli.

Lo creamos hace ya casi cinco años, en los albores de la operación Litani, tras el secuestro de Ehud y Eldad. Cuando Gilad llevaba más de un mes en manos de Hamas.

Han pasado casi cinco años. Gilad sigue en manos de Hamas, Ehud y Eldad volvieron a Israel. Muertos. Muchas cosas han pasado, pero poco ha cambiado. Una tregua, Sderot bajo el fuego de los qassam, atentados, una operación contra Hamas, la reconciliación entre Fatah y Hamas, informes sesgados, la ONU, secuestros en Gaza, flotillas pseudo-pacifistas…

Lo que nos hizo abrir este blog en ese momento, fue notar que no recibíamos información sobre lo que pasaba en Israel. Empezamos a traducir noticias, a escribir crónicas basándonos en la información que recogíamos de fuentes de todo el mundo.

Después la calma, después otras luchas en otros lugares. Nos volvimos más críticos, más pesimistas.

Pero seguimos aquí, y pensamos, que pese a quien pese, Israel seguirá existiendo. Y seguiremos peleando, para que eso sea así.

martes, 3 de octubre de 2006

ALAIN FINKIELKRAUT Y EL NUEVO ANTISEMITISMO

Entrevista a Alain Finkielkraut y el Nuevo antisemitismo El filósofo francés Alain Finkielkraut habla en esta entrevista de su nuevo libro Au nom de l´Autre (En nombre del Otro), donde analiza los modos en que se manifiesta hoy el sentimiento antijudío y cuestiona la honestidad intelectual de cierto progresismo.
Hijo único de un marroquinero judío polaco deportado a Auschwitz, Alain Finkielkraut nació en París en 1949. En la actualidad es profesor de la prestigiosa Ecole Polytechnique de París y se lo reconoce como uno de los filósofos más brillantes de su generación. Entre la docena de ensayos que ha publicado se destacan El judío imaginario (1981), La sabiduría del amor (1984), La humanidad perdida (1996) y La derrota del pensamiento (1987). Finkielkraut, discípulo de Hannah Arendt, Lévinas y Kundera, y cofundador, junto a Bernard-Henri Lévy, del Centro de Investigaciones y Estudios Levinasianos, es ante todo un intelectual de la incomodidad, enfrentado con las ideas biempensantes que impregnan el air du temps, y que le valen por estos días una gran animosidad. Hoy, mientras publica junto al filósofo alemán Peter Sltoterdijk Diagnostic sur le temps présent (Diagnóstico sobre el tiempo presente), una mirada crítica sobre nuestra época, Gallimard distribuye el breve ensayo Au nom de l´Autre. Réflexions sur l´antisémitisme qui vient (En nombre del Otro. Reflexiones sobre el antisemitismo que viene). En la entrevista con LA NACION, el polemista francés habla de su ensayo, en donde analiza la ola de actos antisemitas que, desde octubre de 2000, sacude a Francia.Porque su obra aparece en un contexto social e intelectual particularmente violento. Desde el inicio de la Segunda Intifada, en las principales ciudades francesas se han multiplicado los actos antijudíos. Incendios de colegios y sinagogas, agresiones en la vía pública o la imposibilidad de enseñar la Shoá en las escuelas son comentados cotidianamente por los medios galos. La situación se ha agravado a tal punto que el gobierno norteamericano oficializó días atrás su preocupación ante estos ataques, mientras que revistas como Vanity Fair (en su número de Junio de 2003) consagraba un alarmante dossier de 20 páginas a analizar la reaparición del antijudaísmo. Una realidad que tanto el gobierno, movilizado por Jacques Chirac para calmar el fenómeno, como la prensa, enfrentan con visible malestar. Porque esta vez, los autores de las agresiones no son ni cabezas rapadas ni nostálgicos del régimen de Vichy, sino víctimas tradicionales del racismo: jóvenes de origen árabe-musulmán que importan el conflicto palestino-israelí a las calles de París. Un enfrentamiento que también se ha desplazado al campo intelectual, donde la vieja divergencia izquierda-derecha estalla en pedazos. Sea por compasión hacia el sufrimiento del pueblo palestino, sea por defender una tradición política atlantista, pro-árabe, sionista o tercermundista, quienes intervienen en el debate público descubren en sus trincheras aliados o enemigos inesperados. Así, Alain Finkielkraut puede viajar a Suiza con intelectuales progresistas para apoyar la iniciativa de Ginebra para un acuerdo de paz en Medio Oriente, mientras acusa a una parte de la izquierda de encarnar, a través de una ideología humanista, la nueva cara del antisemitismo. --Au nom de l´Autre empieza con la ambigua cita del escritor francés Georges Bernanos: "Hitler deshonró el antisemitismo". Este descrédito habría brindado a los judíos un escudo protector durante los últimos cincuenta años. Al ver hoy la multiplicación de actos antisemitas en Francia, ¿se podría decir que asistimos a una rehabilitación de esta forma de odio? --No estoy seguro. Pienso que el odio hacia los judíos coexiste hoy con el rechazo del antisemitismo y, quizás, en las mismas personas. El antisemititismo deshonrado por Hitler era el odio hacia un pueblo acusado de ser presumido, materialista y codicioso y de vulnerar los grandes valores de las naciones. Era sobre todo un antisemitismo "de competencia", ya que los judíos eran acusados a menudo de ocupar el lugar de los franceses, de instalarse en Francia como parásitos. Este antisemitismo no ha sido rehabilitado, ni bien asoma la punta de su nariz, es inmediatamente condenado por el conjunto de la sociedad. Pero lo que sí detecto es el surgimiento de un antisemitismo "de compasión", compasión hacia esas víctimas que son los palestinos. Este sentimiento se expresa muchas veces bajo la forma de una "judaización" de los palestinos, percibidos como los judíos de hoy. Hoy los judíos son condenados al ostracismo, no en tanto judíos sino en tanto nazis, no por ser considerados miembros de una raza inferior, sino porque son vistos como racistas. El antisemitismo con el que lidiamos apareció en toda su "majestuosidad" teórica y práctica en Durban en 2001, dos días antes de los atentados del World Trade Center. En una conferencia organizada por las Naciones Unidas sobre racismo, xenofobia e intolerancia, pudimos ver a pueblos, organizaciones caritativas y ONG unirse para estigmatizar no sólo a Israel sino el nombre mismo de Israel y acusar a este pueblo, que se cree elegido, de edificar una sociedad de apartheid. Esta es la nueva configuración.Su libro señala una paradoja: el antisemitismo se renueva desde una conciencia europea que se construyó justamente como reacción a su responsabilidad en la Shoah. ¿Cómo explica usted este cambio diametral de situación? --En los años 60 Europa tuvo miedo de volverse amnésica. Se preguntaba qué nos pasaría si olvidábamos a Hitler. No dejaba de repetirse la frase del filósofo norteamericano George Santanaya: "Una civilización que olvida su pasado está condenada a revivirlo". Así que Europa hizo suyo el deber de memoria y se precipitó con las mejores intenciones en el arrepentimiento. Ese deber de memoria funcionó tan bien que Europa no sólo se acuerda de Hitler, sino que parece acordarse únicamente de él. Hitler ocupa, solo, la totalidad de la memoria y ese suceso único que fue la Shoah se convierte en un hecho paradigmático, un patrón a partir del cual se mide toda forma de opresión. Y los judíos, que eran considerados como los grandes beneficiarios de un deber de memoria polarizado en un solo suceso, se han convertido en su víctima. Nos acordamos tan bien de los crímenes de Hitler que a partir de este modelo interpretamos la realidad palestino-israelí. Los israelíes se convierten entonces en los nazis.¿Diría usted que el nuevo antisemitismo es de origen antirracista? Tiene un lenguaje antirracista. No se trata de presentar a los judíos como una raza, sino de presentarlos como racistas, como los peores racistas. Es una situación terrible, ya que los judíos son acusados de lo que ellos mismos consideran lo peor. De algún modo se los insulta dos veces. Primero porque se los aísla en tanto judíos, pero además porque se los tacha de lo que ellos saben es el peor de los crímenes. Si alguien viene a decirle "usted es un judío chupa sangre", es molesto, pero en el fondo no se siente ensuciado por semejante acusación. Si alguien viene y le pega una estrella amarilla, usted simplemente se enfurece; pero si alguien viene y le pega un esvástica, eso... eso es algo que lo enloquece. Y si se defiende, le dicen "¿Por qué habla de antisemitismo? Si usted habla de antisemitismo es porque no tolera ninguna crítica a Ariel Sharon". Algunos medios franceses dicen que usted denuncia el antisemitismo para que no se pueda criticar libremente la política del gobierno israelí. En nombre de la crítica al gobierno israelí, mucha gente, muchos intelectuales y muchos medios callan el ascenso del antisemitismo. Hoy en Francia los judíos sólo pueden poner un pie en la calle si nada de lo que llevan puesto revela que son judíos. Hoy en Francia, el judío se esconde. El Gran Rabino de Francia, como muchas autoridades intermedias, piden a los alumnos de los colegios religiosos judíos que no caminen por la calle ni usen el transporte público con la kipá. Les piden que usen una gorra de béisbol --tienen que respetar el mandamiento de no ir con la cabeza descubierta-- para que se mezclen con la multitud. Agrego que no solamente la crítica del gobierno israelí es legítima, sino que yo mismo la practico. Desde hace tres años Sharon no ha tenido la voluntad de tomar una sola iniciativa unilateral, aunque más no sea para demostrar algo de coraje. En cambio dejó creer que el único coraje posible era el militar. A veces, el coraje es político y otras puede ir en contra de la réplica marcial a los actos terroristas. Esta postura me da cierta libertad para decir muy solemnemente que si bien es cierto que la crítica a Sharon es legítima, es también cierto que puede haber una crítica antisemita a Sharon. Hacer de Sharon un nazi es, desde mi punto de vista, la forma contemporánea del antisemitismo.¿ Ha notado últimamente que el debate de ideas en Francia se ha vuelto más violento? Sí, por supuesto, es lo que demuestra el affaire Tariq Ramadan. Este pensador musulmán nacido en Suiza, conocido por sus posiciones religiosas muy radicales, publicó un texto en el sitio web del Foro Social Europeo, donde hacía una lista de intelectuales judíos a los que acusaba de estar al servicio de la propaganda de Israel. Pero, primera sorpresa, lo que une a estos intelectuales es que cada uno de ellos está enamorado de lo universal, luchan en todos los frentes: Ruanda, Chechenia, Bosnia... Bernard Henri-Lévy, André Glucksmann o Bernard Kouchner, entre otros, se vieron reducidos a su identidad judía. La segunda sorpresa es que, si uno cree lo que dice Tariq Ramadan, todos ellos piensan igual. Sin embargo, Bernard Henri-Lévy criticó con dureza la guerra contra Irak, que apoyó con la misma energía André Glucksmann. Hay aquí una amalgama completamente falsa, a la que se agrega la visión de una política mundial dirigida por los judíos. Habría una maquinación: los norteamericanos son evidentemente los culpables pero ¿quién mueve los hilos? Los judíos. Vi a la mayoría de las grandes figuras francesas del altermundialismo [N. de la R.: palabra que empieza a utilizarse en Europa en reemplazo de antimundialización, para evitar la connotación negativa de esta última] apoyar a Tariq Ramadan y recibirlo como a un héroe en el Foro Social Europeo. José Bové, célebre vocero de la Confederación Campesina, lo abrazó, y un cierto número de intelectuales y de militantes retomaron su lista dando los nombres y diciendo que tenía razón. Ahí llegamos al colmo de la brutalidad, porque se trata ni más ni menos que de un linchamiento, además de un linchamiento con buena conciencia.¿Cómo explica esta alianza, a priori contra natura, entre religiosos fundamentalistas y una izquierda libertaria anticlerical?El antisemitismo francés procedía de un nacionalismo exacerbado, el antisemitismo último modelo florece en un clima local de odio hacia Francia. Muchos neoizquierdistas perciben la política internacional nuevamente como una guerra civil, una lucha de clases. Reducen la complejidad del mundo a una mera oposición entre dominantes y dominados. Cuando la religión sirve para dominar, es el opio del pueblo; cuando la religión mantiene la rebelión se puede, al menos parcialmente, formar una alianza con ella.El diario británico The Financial Times reveló días atrás que El Observatorio de la Unión Europea para los Fenómenos Racistas y Antisemitas (EUMC) no quiso divulgar un informe encargado por esta institución, porque en sus conclusiones aparecía una implicación frecuente de grupos musulmanes y propalestinos en los actos antisemitas.Eso es muy revelador. La Europa del arrepentimiento, la Europa del deber de memoria, adiestrada para la autocrítica perpetua contra su propio antisemitismo, frente al antisemitismo de las víctimas potenciales del racismo, pierde toda continencia y se muestra completamente indefensa. Sabe castigar su propia culpa pero no sabe designar a sus enemigos. Europa, que piensa que es el vientre todavía fecundo de donde surgió la bestia inmunda, no tiene los recursos morales ni el amor propio para reconocer que tiene enemigos. Y después puede haber un motivo más trivial: Europa tiene miedo de sus comunidades árabe-musulmanas. La integración fracasa: tenemos pruebas más que abundantes. Europa no quiere hacer nada que pueda hacer enojar a la comunidad árabe-musulmana. Imagine usted lo que habría pasado en Francia si Jacques Chirac hubiese adoptado, en la guerra con Irak, la posición no de Inglaterra, sino de España... La violencia hubiera sido terrible, hubiese habido pogroms, muchos más incendios, y eso todos los políticos franceses lo saben y nadie se anima a decirlo. No sabemos qué hacer. Europa está paralizada por la culpa y por el miedo: la culpa le dicta no hacer nada que pueda alimentar el racismo que no cesa de incubar en su seno, el miedo le dicta no hacer nada que pueda ensanchar la zanja con la comunidad musulmana. La culpabilidad sumada al miedo conduce a esconder ese informe bajo la alfombra. Por Alejo Schapire Para LA NACION - PARÍS, 2003 )

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